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Anderson no se sobresaltó. Ya había aprendido que el miedo era un lujo que no podía permitirse. Era Lucy. Su melena rubia pegada por la lluvia, sus ojos azules demasiado claros para la noche que cargaba sobre sus hombros.

—Es una trampa —dijo Lucy.

Capítulo 28 El precio de la carne y la sed de justicia Escupire.Sobre.Sus.Tumbas.Capitulo.28

Detrás de ellos, la página quemada de la libreta seguía ardiendo en el cenicero. Las cenizas volaron por la habitación como una pequeña profecía. Anderson no se sobresaltó

La ciudad dormía. Pero los perros ya olían la sangre. Escupire.Sobre.Sus.Tumbas.Capitulo.28

—No fue un accidente —le susurraron los fantasmas—. Fue un juego. Un juego de blancos de buena familia que se aburrían.